Como consecuencia de la reducción de los subsidios energéticos impulsada por el Gobierno, cada vez son más las familias que ven en sus facturas tarifas de tres cifras. De hecho, en nueve provincias del país la boleta supera los $ 100.000 mensuales para un hogar sin asistencia estatal. En tanto, el promedio nacional se acerca a ese umbral y alcanza los $95.641 para un consumo residencial de referencia de 265 kilovatios hora (kWh) por mes.
De acuerdo con el último Reporte de Tarifas y Subsidios del Observatorio del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP), dependiente de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el Conicet, el caso más extremo es Neuquén, donde un hogar sin subsidios paga $ 160.311 mensuales por el consumo de referencia. Le siguen Río Negro, con $ 134.082, y Santa Fe, con $ 125.810. Otras que superan los $100.000 son Chubut ($ 123.250), Salta ($ 116.467), Mendoza ($ 112.374), Córdoba ($ 108.354) y Jujuy ($ 101.374).
En la provincia de Buenos Aires, las diferencias también son significativas según la distribuidora. En las áreas de concesión de Edesur y Edenor, las facturas llegan a $ 111.236 y $ 107.152, respectivamente. En cambio, en las zonas atendidas por Edea y Edelap, los valores son de $ 96.084 y $ 86.280.

La reducción de subsidios y el impacto en los hogares
Desde la llegada de Milei a la Casa Rosada, el Gobierno avanzó en una política de reducción de la asistencia estatal a los servicios públicos, con el objetivo de disminuir el gasto fiscal y trasladar a los usuarios una mayor proporción del costo de la energía.
Según el informe del IIEP, los subsidios económicos acumulados en doce meses pasaron de un máximo de $ 40,5 billones en junio de 2022 a $ 27 billones en diciembre de 2023. En la actualidad, se ubican en $ 10,4 billones, lo que representa una caída del 61% respecto del nivel registrado al cierre de la gestión anterior y del 74% frente al pico de 2022.
La reducción de los aportes estatales modificó la distribución de los costos entre el Estado y los hogares. En el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), la factura eléctrica para los usuarios sin subsidios acumula un incremento del 387% desde diciembre de 2023, frente a una inflación estimada del 261% para el mismo período.
En la comparación interanual, la electricidad aumentó un 49%, mientras que la inflación fue del 33%. Sin embargo, durante los primeros meses de 2026, el incremento acumulado de la factura eléctrica en el AMBA fue del 11%, por debajo de la inflación estimada para ese período.
El esquema de asistencia también fue modificado durante 2026. En octubre, el Gobierno mantuvo el consumo base bonificable de electricidad en 200 kWh mensuales y una bonificación extraordinaria del 25%. De acuerdo con la Secretaría de Energía, los usuarios que cumplen los requisitos para recibir los beneficios acceden a un descuento total del 75% sobre el precio de la energía dentro de los límites establecidos. La bonificación no implica una reducción equivalente sobre el total de la factura, que también incluye distribución e impuestos.
Aun con estas bonificaciones, la brecha entre los hogares subsidiados y los que pagan el costo pleno de referencia continúa siendo importante. Para un consumo de 265 kWh mensuales, el promedio nacional es de $ 63.332 para los usuarios que reciben subsidios, frente a los $ 95.641 que pagan quienes no cuentan con esa asistencia.

Por qué la luz cuesta más en algunas provincias
La comparación federal muestra que la política nacional de subsidios es solo uno de los componentes que determinan el monto final de las facturas. Las diferencias en los costos de distribución y en la carga impositiva explican buena parte de la dispersión entre jurisdicciones.
En promedio, para los hogares sin subsidios, el 33% de la factura corresponde al costo de la energía, el 41% al Valor Agregado de Distribución (VAD) y el 25% a los impuestos. El VAD remunera las tareas de operación, mantenimiento y distribución de la electricidad, y presenta diferencias importantes según la provincia y la empresa prestadora.
En Neuquén, por ejemplo, la distribución representa el 50% de la factura, mientras que la energía explica el 20% y los impuestos, el 30%. En el área de Edenor, en cambio, el costo de la energía tiene una participación del 54%, frente al 24% del VAD y el 21% de los impuestos.
A esto se suman las diferencias regulatorias y tributarias, que generan facturas muy distintas incluso para hogares con niveles de consumo similares.
La reducción de los subsidios forma parte de la estrategia fiscal de Milei, que considera que el Estado no debería participar en el financiamiento de los servicios públicos. En paralelo, el costo de vida sigue aumentando y cada vez son más las familias que ajustan se presupuesto para poder subsistir.
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