Los republicanos siguen juntando los jirones de su derrota y en el medio el presidente paraguayo, Santiago Peña, renunció repentinamente por la crisis del Ueno Bank. Diez mil kilómetros al sur el gobierno argentino intenta recalibrar la brújula de su gestión. En medio de una fuerte crisis económica y política que amenaza con poner en jaque su funcionamiento, Javier Milei llegará este jueves de España luego de participar de la Cumbre Iberoamericana en el viejo continente y de conseguir su deseada foto con su amigo y candidato Santiago Abascal.
Los resultados de las elecciones estadounidenses llegaron mientras el jefe de estado se encontraba aterrizando en el viejo continente. Sin su hermana Karina Milei -quien se quedó en el país para pulir los últimos detalles de la visita del Papa León XIV-, el paso del economista por el reino fue menos estruendoso que la última vez. Antes de reunirse con el referente de VOX, el presidente decidió faltar a la cena de bienvenida que encabezó el Rey Felipe. “Estaba cansado por el viaje”, dijeron sin mayores escrúpulos desde su entorno para justificar la ausencia del líder latinoamericano más ligado a Donald Trump. Lo llamativo es que en menos de 24 horas pasaron de la seguridad al temor.
Con los comicios cerrados y la amargura en la piel, Milei decidió introducirse en un silencio sepulcral tal como hizo con el triunfo de Luis Inacio Lula da Silva en Brasil. En su equipo evitan buscarle una respuesta razonable a la actitud y se limitan a decir que “así es Javier.” Sin embargo, y si bien se mantiene el no pronunciamiento luego de la derrota de Flavio Bolsonaro, esta vez el máximo representante de las relaciones internacionales decidió dar un mensaje.

Desde Madrid, el canciller Pablo Quirno minimizó el resultado electoral, advirtiendo que lo ocurrido “es normal” en las elecciones de medio término en Estados Unidos. “El presidente Trump seguirá con sus políticas y decidirá cómo seguir adelante, pero no va a cambiar nada en la relación con la Argentina, que es de una profundidad inédita”, afirmó. En una línea similar, en tanto, se expidió el embajador estadounidense, Peter Lamelas, quien a través de un comunicado expuso que “cambian las mayorías en el Congreso, pero no cambia nuestro compromiso con la Argentina”, un mensaje que apuntó a calmar las ansiedades internas y externas.
Pese a la tranquilidad en las exposiciones del canciller y el embajador, esta mañana el gobierno recibió un nuevo sacudón que amenaza con romper la estabilidad que el presidente y su equipo económico buscan montar de cara a los mercados. En el marco de la 16° edición del Foro ABECEB, el vicepresidente senior de Iniciativas Globales de la Cámara de Comercio de Estados Unidos (US Chamber of Commerce), Gary Litman, afirmó que la derrota de Trump traerá complicaciones para la región y, en particular, para Argentina.

“La toma de decisiones será más lenta, la voluntad política no necesariamente estará presente y la disposición a utilizar el Fondo Monetario Internacional u otros instrumentos para acudir al rescate disminuye cuando tenemos un gobierno dividido”, afirmó el mandamás de la principal entidad empresarial del país norteamericano.
La advertencia del magnate estadounidense, aunque imponente, no fue recibida con sorpresa dentro del gobierno. Pasadas las horas luego del triunfo demócrata, los principales interlocutores del oficialismo se pusieron en contacto con referentes de la gestión trumpista y les hicieron saber que la situación podría no estar tan desenvuelta como lo estuvo meses atrás. Esta mañana, por caso, comenzó a circular la noticia de que la oposición yankee buscará investigar a Scott Bessent por el salvataje de USD 20.000 millones que garantizó a la Argentina en octubre del 2025. En el gobierno se encendieron las alertas.

Circulada la noticia, una fuente con diálogo diario con Milei aseguró que desde el oficialismo tienen en claro que no será tan fácil conseguir un nuevo salvataje. Con la realidad golpéandoles la puerta, en varios despachos entienden que lo mejor es avanzar pronto con los acuerdos electorales con los gobernadores para evitar seguir profundizando una crisis en los mercados que empieza a tomar cada vez más forma con la suba diaria del índice del Riesgo País.
Pese a las ansiedades del equipo económico, sin embargo, todavía queda un hueso duro de roer: las ambiciones de Karina y sus armadores Martín y Eduardo “Lule” Menem. Tanto la secretaria general como los primos riojanos entienden que el mejor mecanismo de negociación con las provincias es la dilatación de los acuerdos para, ante la desesperación de la otra parte, poder quedarse con un botín mayor. La estrategia, resentida tanto en las provincias como dentro de la propia mesa política, empieza a mostrar sus deficiencias tanto en el Congreso como en los diálogos privados que Diego Santilli tiene con los mandatarios.

Según reconocen en el oficialismo, en las últimas semanas las conversaciones se “empantanaron” aún más que antes por la indefinición violeta en los acuerdos. La misma situación se replica con el PRO. Fue el propio Mauricio Macri quien reconoció días atrás que las negociaciones “no han avanzado nada”, una circunstancia que empieza a impacientar y enojar a quienes hasta hace poco oficiaban como aliados incondicionales.
Por esta situación, en el gobierno ya dejan trascender que no está tan en claro cuál será el futuro del proyecto de Reforma Política con el que pretenden eliminar las PASO. Nadie sabe dar fechas de tratamiento ni mucho menos armar un poroteo sustancioso de cómo está la situación en el Congreso, una realidad que incomoda a más de un miembro y que amenaza con desequilibrar el falso orden con el que Milei se fue del país. “Estamos todos fingiendo demencia”, resumió con una risa nerviosa un dirigente de peso de La Libertad Avanza.
TS/CM










