La llegada de Adrián Ravier a la vocería presidencial tuvo como único objetivo para el gobierno descomprimir las tensiones y la presión que se generó por entonces alrededor de la figura del ya eyectado Manuel Adorni quien, azotado por el escándalo mediático-judicial por sus extravagantes gastos inmobiliarios y decorativos, se vio forzado a correrse del ojo público. Consciente del poder del control de la agenda en un gobierno peleado con la prensa y cuyo modelo de país golpea a gran parte del tejido social, Javier Milei en persona optó por un cambio de rumbo en la gestión comunicación y apostó a construir una vocería más ligada a lo económico. Lo que no previó, sin embargo, era que su portavoz contaba con tantas complicaciones para ejercer el cargo.
El ex diputado nacional por La Pampa comenzó en los últimos días un circuito de entrevistas con las que apunta a levantar el perfil para recomponer la imagen monótona que adopta durante las conferencias de prensa semanales que brinda en Casa Rosada. En este marco, el reemplazo del ex jefe de gabinete participó el jueves por la noche del programa de streaming La Misa, en Carajo, la usina libertaria que conduce Daniel Parisini, conocido en redes como Gordo Dan, donde buscaron catalogarlo como el “mejor vocero de la historia”, un mote sobreutilizado por el oficialismo para subirse a diario el precio.
Durante la charla con los influencers tuiteros, y en medio de las especulaciones sobre la estabilidad del plan económico que lleva adelante Luis Caputo, el portavoz afirmó que el gobierno descarta un salto cambiario significativo en el corto plazo, aunque advirtió que es “una posibilidad que el dólar llegue a $1800 a fin de año”. La precisión del vocero, quien además juró que si se produjeran correcciones de precios “no va a tener un impacto significativo en el bolsillo de los argentinos”, alertó hasta a las figuras afines al oficialismo.

En este sentido, el financista y tuitero, Carlos Maslatón, destrozó al bonaerense devenido en pampeano y afirmó “no sabía que era tan salamín con queso, Ravier. Es peor que Adorni, es un imbécil que está incentivando una corrida que va a llevar al dólar a 3.800 pesos”. La lectura del ex integrante de La Libertad Avanza se replicó en importantes cuentas que responden al ecosistema violeta que, pese a no tener poder dentro de la gestión, forman parte fundamental de la batalla cultural que lleva adelante el oficialismo. “Es un boludo, es un peligro lo que dijo”, dijo sin rodeos un importante tuitero con acceso directo al presidente ante la consulta de este medio.
Éste no fue el único traspié del vocero en su cortísima experiencia dentro del Ejecutivo. 48 horas antes de la final del mundo, y en medio de la algarabía que generó el posicionamiento de la Selección con la bandera-sábana luego del partido contra Inglaterra, Ravier posteó una publicación que generó un inmenso revuelo frente a su posicionamiento sobre el reclamo de la soberanía en las islas. “Siendo un país bananero, nunca vamos a recuperar las Malvinas. Si logramos que la Argentina sea grande nuevamente, próspera y respetada, nuestras posibilidades de avanzar en el reclamo de soberanía serán mucho mayores”, señala el tuit del ex diputado.
Su lectura, de la que nadie del oficialismo se hace cargo, generó un inmenso revuelo a nivel mediático que se sumó a la polémica que había provocado la decisión de Alejandra Monteoliva de salir a celebrar con bombos y platillos haber acordado con el FBI la prohibición para exponer banderas con “contenido político”. Con este escenario, Ravier debió forzar una declaración que provocó aún más furia. “En relación con mis afirmaciones, niego contundentemente haber dicho alguna vez que la Argentina era un país bananero. Yo nunca dije eso. Es una interpretación de muy mala fe de algunos periodistas y algunos titulares en algunos diarios que incluso me ponen entre comillas una frase que yo nunca dije”, afirmó.

El destrato a los medios que el vocero realizó frente a los periodistas acreditados en Casa Rosada generó una situación de absoluta tensión con los trabajadores de prensa, quienes desde hace tres meses están siendo sometidos a un insostenible ataque promovido por los hermanos Milei.
Dentro del gobierno reconocen que la figura de Ravier, a quien muchos recién conocieron cuando el presidente lo bendijo como su vocero, todavía genera algunas dudas. Su falta de expertise comunicacional y las notables diferencias respecto a la vocería de Adorni empujan a que varios funcionarios empiecen a pensar alternativas, como la posibilidad de volver a empoderar a Patricia Bullrich y Diego Santilli para que se posicionen como los “voceros políticos” de la gestión.
El ex diputado, sin embargo, tiene al igual que su sucesor un as bajo la manga: el apoyo y cariño de Javier Milei. Con esto, todo el oficialismo tiene como órden tácita colaborar para que su trabajo sea más sencillo. En este punto, voces del gobierno reconocen que el raid mediático del portavoz se debe a una especie de “entrenamiento” comunicacional para que logre fortalecer sus habilidades que, muchos reconocen en privado, están lejos de ser las que el gobierno necesita en este momento.
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