Empiezan a declarar los integrantes del tan cuestionado «entorno» de Diego Maradona. Esta tarde fue el turno de Maximiliano Trimarchi, chofer del estudio de abogados de Matías Morla -quien fuera representante de Diego-, hermano de Andrea -contadora del estudio-y paciente de Carlos Díaz, el psicólogo especializado en adicciones que trató a Maradona, imputado por homicidio en este debate.
A veintiuna audiencias del comienzo, ya estamos «dentro» de la casa del Tigre, donde se organizó la internación domiciliaria, circunstancia en la que falleció el futbolista. El jueves declaró Monona, empleada doméstica de Maradona entre 2019 y noviembre de 2020, cuando murió. Hoy Trimarchi contó que llevó en su auto al psicólogo Díaz y a la psiquiatra Agustina Cosachov en la mañana fatal del 25 de noviembre de 2020. De acuerdo a la planilla de ingreso del barrio San Andrés la entrada fue a las 11.44. Menos de media horas después Leopoldo Luque, el neurocirujano amigo de Maradona, llamó al 911.
Interrogado por la Fiscalía, a Trimarchi lo expusieron a audios y mensajes que se enviaron con Díaz. Sucede que el psicólogo lo trata por adicciones desde 2017. Oímos un audio que el psicólogo le manda a su paciente: «Me parece que hay una especie de paranoia de Matías (Morla) con los Trimarchi en general (…) Matías está bastante paranoico, y además hay algo que es muy relevante que es Diego está knock out, de hecho mañana lo internan contra su voluntad y parece que quiere empezar a levantar campamento (…) Diego está roto, pero rotísimo».
Como el envío es del 2 de noviembre de 2020, se infiere que el comentario «Diego está knock out» fue a cuenta del homenaje a Maradona por su cumpleaños en la cancha de Gimnasia y Esgrima de La Plata, donde fue DT. Al día siguiente lo operarían por el hematoma subdural. No hubo ninguna internación contra su voluntad.
El 9 de diciembre de 2020, días después del fallecimiento de Maradona, el psicólogo le escribe a Trimarchi: «Quiero zafar del allanamiento, boludo». En el intercambio, el chofer de Morla se ofrece a guardar en su casa lo que Díaz necesite. A esa altura, el tribunal integrado por Alberto Ortolani, Alberto Gaig y Pablo Rolón advirtieron que el testigo estaba a punto de autoincriminarse por el delito de encubrimiento, que igual ya prescribió.
Pero lo que notaron los jueces es que había demasiada confianza entre Díaz y su paciente. Sobre todo en ese audio larguísimo en el que el psicólogo le sugiere a Trimarchi que Morla «quería levantar campamento». Para dar contexto e interrogado por el tribunal, Trimarchi explicó que «había tenido una pelea con Matías (Morla)» y que ese «levantar campamento» era porque «nos iban a echar». En ese plural incluyó a Andrea, su hermana, contadora del estudio.
Flotaron algunas inquietudes en la sala. ¿Ese «Diego está roto, rotísimo» significaba que su estado era irreversible? De ser así, ¿por qué Díaz lo aceptaría como paciente? Aunque a cuenta de ese audio podría haber otra explicación, la que dio Trimarchi: que por su enfermedad debía «tener un horario» y «estar ocupado» y que si Morla «levantaba campamento» él debía «buscar otro trabajo».
Los jueces no producen prueba sino que escuchan y escuchan la evidencia que ofrecen las partes. Simplificado, es como si se sentaran a escuchar un cuento cuyo remate les pertenece. Lo que sí hacen durante el debate es ordenar y validar la veracidad de los testigos y calidad de su testimonio. Y con Trimarchi dudaron, pidieron un breve cuarto intermedio para deliberar.
Hasta ahí lo que supimos es que Trimarchi era chofer del estudio. También mensajero, como oímos en este audio que le envía a Maximiliano Pomargo, cuñado de Morla, unos meses antes de la muerte de Maradona: «Para que lo firme el petiso (N. de la R.: por Maradona); Matías dice que vos sabés«. Fletero: «Llevé una cafetera de Brandsen a Tigre», dijo cuando le tocó contar qué trabajo hacía. Y que hacía mandados, como el duchador que le pidieron que compre o los artículos de limpieza. Trimarchi dejó de trabajar para Morla «en 2021 o 2022», no recordó con precisión.
De vuelta en la sala y frente a otro chat, sabemos que Díaz le preguntó a su paciente cómo estaba tres días después de la muerte de Maradona. Trimarchi le responde: «Espero que pague la indemnización, mi venganza a mi manera». Explicará el testigo que creía que ese mensaje «era del momento en el que estaba peleado con Matías (Morla)» y que como Díaz era su psicoanalista llevaba problemas del trabajo a la terapia. De eso se trata, también, un tratamiento de rehabilitación en adicciones. ¿Qué relación hay entre la pelea de Trimarchi con su empleador y la muerte de Maradona? Esta cronista no tiene idea.
Hay otro mensaje, más aleccionador de parte del psicólogo a su paciente: que el destino para los adictos que no se tratan es la cárcel, el hospital o la muerte y que «hay que aprender de esto». Si Maradona, consumidor problemático de alcohol, tenía esos tres destinos, ¿por qué la familia aceptó un dispositivo de «cuidados» o «internación» en una casa?
Sobre la psiquiatra Cosachov, Trimarchi dijo que la llevó en su auto hasta Tigre y que Luque era el médico de cabecera de Diego «porque era de conocimiento público». El día de la muerte, el chofer no entró en la habitación. Sólo llegó hasta la cocina. Tampoco lo identificaron como testigo ese mediodía. Pero en su declaración admitió que a pedido del comisario llevó a otros testigos a declarar a la Fiscalía. Y que al velatorio no asistió.
VDM






