Esta mañana, el coordinador de los enfermeros, Mariano Perroni, completó la declaración que había empezado el jueves. Lo hizo sujeto al interrogatorio del abogado de Verónica Ojeda, madre de Dieguito Fernando, Mario Baudry. En la pantalla de la sala de audiencias exhibieron el chat Tigre, el grupo de WhatsApp en el que se pasaba el parte diario de enfermería. Participaban cinco imputados en este juicio: los enfermeros Dahiana Madrid y Ricardo Almirón, Perroni -su coordinador-, Di Spagna -médico clínico- y Forlini -de cuidados domiciliarios de Swiss Medical-.
Baudry quiso saber si Perroni había convocado a enfermeros para internaciones de «alta complejidad». El coordinador respondió que «complejidad» era cantidad de horas trabajadas por los enfermeros. Entonces el abogado buscó que acreditara que Dahiana Madrid -enfermera imputada pero que optó por un juicio por jurados- era apenas «auxiliar de enfermería». Perroni devolvió que en el cv decía «título en trámite» de enfermera y, que en todo caso, no era él quien evaluaba sino Medidom, la empresa que lo empleaba.
Aprovechó Baudry el chat en pantalla para preguntarle cada cuánto tiempo debía pasar el informe cada enfermero. La psiquiatra Cosachov había pedido cada dos horas. La pantalla muestra un intervalo de unas ocho. «El parte se hace una vez terminado el turno», informó Perroni. Si se refirió a la planilla diaria de evaluación, el chat era menos estático: hay reportes a horas variadas. Probó Baudry por el lado de la taquicardia: si los 115, si los 120, si los 130 es una frecuencia cardíaca para preocuparse. «Para que lo evalúe un médico», devolvió Perroni. Pinchó, ya sin filo, Baudry: «Sigue con taquicardia todos los días». Rápido, Perroni: «Maradona veía un ambo blanco y se alteraba».
Tomar frecuencia cardíaca, explica Perroni ante los jueces, es como tomar una foto: cambia si el paciente está en reposo, si justo se levantó; si algo le alteró la frecuencia cardíaca, puede ser un sobresalto, una risa, el enojo repentino. A esta altura, audiencia 19, quedó claro que Maradona solía negarse a la atención médica. Antes de la operación por el hematoma subdural, se quejó cuando le sacaban sangre para un laboratorio. Después de la cirugía, quiso irse lo antes posible a «casa». El 18 de noviembre, en plena internación domiciliaria, rechazó al médico clínico Pedro Di Spagna y al nutricionista que había mandado Swiss Medical.
Perroni fue el sexto de siete imputados en este juicio que pidió declarar. El único que aceptó preguntas de las partes. El jueves, cuando se sentó delante de los jueces, habló por casi tres horas. El presidente del tribunal, Alberto Gaid, pidió un cuarto intermedio hasta la próxima audiencia porque lo veía «emocionalmente quebrado».
Frecuencia cardíaca, mediciones, reportes, preguntas: ¿Y si Maradona se fastidiaba cuando veía venir al enfermero? ¿Por qué, si tenían las mismas directivas, el enfermero Almirón reporta más controles que la enfermera Madrid? ¿Será que a Madrid, Diego no la dejaba?
Tema Enfermera Madrid: imputada como el resto en este juicio por el delito homicidio simple por dolo eventual -entre 8 y 25 años de prisión-, será juzgada aparte, en un juicio por jurados. Así lo eligió, es su derecho. Pero su ausencia en este debate hace que algunas escenas no terminen de armarse. Sobre todo la del día del fallecimiento.
¿Será cierto que en la mañana de la muerte, el 25 de noviembre de 2020, Madrid escuchó que Maradona deambuló, orinó, pidió desayunar y volvió a acostarse, como completó en la planilla del día, post mortem? Su coordinador, Perroni, dice que si está en la planilla, así fue. ¿Será cierto que en la tarde de la muerte, después de declarar en la fiscalía completó la planilla por su cuenta? ¿Será que le indicaron cómo y con qué? Y si le indicaron, ¿Quién dio las indicaciones? Una más: ¿Por qué Madrid le dice a Perroni, en la madrugada del 27, que tuvo que volver a la Fiscalía a declarar por «eso que me dijiste que ponga»? Falta para saber. Quizás no lo sepamos nunca.
VDM






