Mariano Perroni fue el coordinador de las enfermeros que atendieron a Diego Maradona durante la internación domiciliaria. Su rol, según dijo a los jueces, era controlar ingreso y egreso del personal, y buscar reemplazos. Nada más. Formaba parte del chat «Tigre», un grupo de WhastApp en el que los enfermeros debían pasar el parte diario de Maradona. Un paciente «difícil», según Perroni, quien declaró ayer, en la jornada 18 del juicio. Con él ya son cinco los imputados que hablaron al tribunal. Fue, hasta ahora, el único que respondió preguntas de las partes.
Licenciado en Enfermería, hijo de una docente de Enfermería, marido de una enfermera, primo de primos enfermeros, Perroni contó sobre su función en el dispositivo de atención en domicilio a Maradona.. Dijo que no esperaba que muriera ni estar sentado ahí, como responsable de ese final. «Era pandemia, no había personal. Pero yo tenía organizado hasta los reemplazos de fin de año. Año Nuevo lo pasaría con él. Yo estaba emocionado. ¿De qué plan criminal hablan? ¿Cómo que yo esperaba la muerte del que era mi ídolo?», arrancó Perroni. Lloró. Después vinieron los tropiezos.

A Perroni -empleado de Medidom, tercerizada de Swiss Medical– lo acusan de haber falsificado la última planilla de evolución de Maradona, la del día en que murió, el 25 de noviembre de 2020. La información de esa hoja, sostiene la Fiscalía, no se condecía con el real estado de salud del paciente. Que Perroni la truchó. Hay como constatarlo. El chat «Tigre». Ese chat es prueba.
Había varias personas en el chat Tigre. Entre ellas Perroni y Forlini –jefa médica a cargo de la gerencia de cuidados domiciliarios en Swiss Medical-, ambos imputados; los enfermeros Ricardo Almirón y Dahiana Madrid, también imputados; y el médico clínico Pedro Di Spagna, otro imputado. Estaba, además, la jefa de Medidom de Perroni, un gerente de Swiss Medical, un kinesiólogo, y enfermeros suplentes y rotantes. En ese chat iban volcando el parte diario: si Maradona hacía pis, si comía y qué comía, toma de medicación, descanso, presión, ritmo cardíaco. Aviso de pedidos varios: laxante, chata y papagayo. Observaciones y acciones: «Diego tiene el pie derecho un poco edematizado»; «Se niega a que vengan los médicos»; «Se despertó molesto»; «Señala que lo invaden».
A pedido de la psiquiatra Agustina Cosachov, los enfermeros fijos fueron Almirón y Madrid. Lo explicó Perroni: «El paciente tenía afinidad con ellos». Los dividió en turnos de doce horas: Almirón a la noche, Madrid de día. Los enfermeros tenían tres tareas: impedir que Maradona se automedique, que tomara la dosis de medicación indicada, que no consumiera alcohol. No tenían obligación de controlar signos vitales, solo lo hacían si el paciente accedía. Ellos hicieron el cambio de guardia el día del fallecimiento.
Ese 25 de noviembre Madrid escribió en el chat: «Paciente continúa descansando». Eran las 8.52 de la mañana. Almirón le había pasado la guardia sin novedades. Casi cuatro horas después, a las 12.42 cuando la noticia de la muerte empezaba a circular, aparece Forlini: «Por favor, novedades del domicilio» y «está yendo un móvil código rojo». El chat permanece inactivo hasta el día siguiente. ¿Qué pasó en el medio, además de la muerte de Maradona?
Pasó, según declaró Perroni, que esa mañana Madrid no atendía el teléfono, que entonces fue en su auto hasta la casa del Tigre, que pudo pasar el primer cordón policial pero no el segundo, que le pareció que debía acompañar a la enfermera, que estaba de guardia y reanimó a Maradona, sin éxito. Que cuando supo que la llevaban a la Fiscalía a declarar, allí fue con su auto. En el camino le envió un mensaje: «Le pongo que no diga nada pero que ahí aclare todo. Yo estaba viendo las noticias y era un caos, era un caos total. El ‘ahí decí todo’ era porque ella estaba en la Fiscalía». Oímos un audio en el que Perroni le pide a la enfermera que le adelante qué iba a declarar.

Hasta ahí, nada fallaba en su relato. Un audio exhibido en una audiencia anterior dejó claro que Perroni advirtió a Forlini que ante una emergencia no estaban preparados. Que hizo sugerencias «para el mejor pasar del paciente»; que el día que Maradona no quiso que entrara la ambulancia, él se ofreció para meter de incógnito a un médico en un auto particular.
Perroni trastabilló en su declaración cuando le preguntaron cómo siguió ese día. «Forlini nos pedía la planilla de evolución, que Madrid no había llegado a completar. Cuando Madrid salió de la Fiscalía, la llevé a Tigre a que buscara sus pertenencias. Y ahí la hicimos«, siguió Perroni. Eran las 19 del 25 de noviembre.
Acá hay dos, digamos, problemas. El primero es que Madrid está imputada como el resto, pero será juzgada aparte en un juicio por jurados -así lo eligió-, por lo tanto en éste no se discute su responsabilidad aunque es parte del hecho que se debate. El segundo -y es contra lo que carga Perroni- la información volcada en el chat Tigre no coincide con la última planilla de evolución.
Entre otro datos, en esa planilla de evolución que Madrid completó hacia la noche del 25 de noviembre, cuando habían pasado unas ocho horas de constatación de muerte, dice que «el paciente a las 7.30 deambula, diuresis +, que a las 8.30 continua descansando y que a las 9.20 se niega al control de signos vitales…». La planilla estaba exhibida en la pantalla de la sala.
A su turno el fiscal Patricio Ferrari marcó una distinción a Perroni: «Pero si usted va al chat Tigre, a las 8.52 Madrid solo escribe ‘paciente continua descansando’. ¿Nota diferencias entre lo que se asentó y lo que se informó?». La diferencia era evidente. Ferrari quiso saber si no era un dato para pasar al chat que Maradona se haya negado al control de signos vitales. «Es que era frecuente», argumentó Perroni.
Volvió Ferrari: ¿Usted puede asegurar que Madrid entró a la habitación a las 9.20? por los dignos vitales?». El imputado volvió a decir que nunca entró en el domicilio y que lo que dice la planilla, para él esta hecho. Ahí se abrió una sospecha sobre la confección de esa planilla. Y la sospecha cae sobre Perroni, Forlini y la enfermera Madrid.
Según el relato de Perroni, Forlini insistía con esa planilla. Entre que Madrid asistió a Maradona y salió de declarar en la Fiscalía, Perroni intentó saber que iba a declarar Madrid en cuánto a que observaciones y acciones había hecho esa mañana en la casa del Tigre. Era, según dijo Perroni, para «pasarle un resumen a Forlini». La coordinadora de Swiss Medical había pedido «precisiones»: horarios lo más aproximado posibles, qué revisión habían querido hacer a Maradona y por qué no la hicieron.

Una vez en la casa de Tigre, hubo un llamado. «Me llama Forlini para pedirme que eleve lo más pronto posible lo que había pasado en enfermería, punto por punto. Para evitar un teléfono descompuesto le doy el teléfono a Madrid para que hablen entre ellas. Madrid entra al domicilio, completa la planilla y me la entrega. Faltaban horarios, observaciones y acciones», se excusó Perroni. A diferencia de los testigos, los imputados pueden mentir. ¿Habrá sucedido tal pase de teléfono para que Forlini dé instrucciones a la enfermera?
Si ese pasa-teléfono existió, ¿por qué Madrid le recriminará a Perroni al día siguiente por chat que «Forlini le pidió» a él que ella «hiciera algo»? Ese mensaje cayó a las 3 de la mañana del día que siguió a la muerte. Perroni dirá que él no le pidió nada, que los intercambios con la enfermera «eran difusos». ¿Será cierto que la enfermera entró en la casa a completar la planilla, lejos de su coordinador? Veremos.
La declaración del coordinador de los enfermeros sacó de la escena a Leopoldo Luque, el neurocirujano señalado como parte del equipo médico tratante durante la internación domiciliaria. «No conocí a Luque, nunca tuve contacto con él», dijo Perroni. Tampoco con la psiquiatra Cosachov. Forlini exigió en el chat Tigre que los enfermeros no tuviesen contacto con ellos. Al psicólogo Díaz no se refirió. Sobre la asistencia a Maradona en términos clínicos, Perroni dijo que el parte se pasaba al chat, que suponía que Forlini o alguno de los médicos tomarían acción.
A Perroni volvieron a acorralarlo. Fue Fernando Burlando, abogado de Dalma y Gianinna. También sobre ese chat Tigre, Burlando le preguntó si la frecuencia cardíaca de 115 que reportó el enfermero Almirón el 19, seis días antes de la muerte, era normal. Perroni, que ya había respondido al fiscal Ferrari que no había indicación de parte del médico tratante de tomar signos vitales, titubeó. Alberto Gaig, presidente del TOC7, dijo que el imputado estaba «emocionalmente quebrado» y pidió un cuarto intermedio. Perroni continuará su declaración el martes.
VDM





