Cada 7 de agosto, miles de personas llegan al santuario de San Cayetano para pedir por trabajo. Este año, el santo patrono encuentra al mercado laboral atravesado por una paradoja. Mientras los salarios muestran algunos indicios de recuperación en términos nominales, especialistas advierten que el empleo formal sigue retrocediendo y que una parte creciente de los trabajadores sobrevive gracias a changas, trabajos por cuenta propia y otras actividades informales.
El contraste surge de dos diagnósticos que, lejos de contradecirse, describen distintas caras de la misma realidad. Por un lado, el último Índice de Salarios del INDEC mostró que los ingresos crecieron 2,2% respecto del mes anterior y 35,9% en la comparación interanual, impulsados por subas del 29,3% en el sector privado registrado, del 27,4% en el empleo público y del 66,3% en el sector privado no registrado. Sin embargo, detrás de esa recuperación salarial persiste un problema más profundo: la calidad del empleo.
Una década de pérdida de empleo asalariado
Por su parte, el director del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA), Agustín Salvia, advirtió que el país atraviesa un cambio estructural del mercado laboral. Según explicó en una entrevista con Infobae, durante los últimos diez años desaparecieron casi un millón de puestos de trabajo asalariados, y cerca de la mitad de esa pérdida se produjo en los últimos dos o tres años.
«Estamos viendo un proceso de deterioro del mercado de trabajo en donde se perdió trabajo asalariado y se generó mayor trabajo de autoempleo, cuenta propia, emprendimientos de distinta naturaleza», sostuvo.
En ese contexto, el crecimiento de la actividad económica que exhibe el Gobierno todavía no logra traducirse en una recuperación sostenida del empleo registrado, mientras las pequeñas y medianas empresas continúan mostrando dificultades para generar nuevos puestos de trabajo.
El «rebusque», la salida más frecuente
Según el relevamiento llevado adelante por la UCA, el 29% de las personas que pierde su empleo termina incorporándose a alguna forma de autoempleo informal. «No tenés un empleo formal asalariado disponible, entonces la primera reacción que tenés es pasar a un rebusque», explicó Salvia.
En esa línea, los datos oficiales muestran que los ingresos continúan creciendo por encima de los meses anteriores. Entre enero y mayo, el índice de salarios acumuló una suba de 15,2%, con incrementos de 12,3% en el sector privado registrado, 13,7% en el sector público y 23,9% en el sector privado no registrado.
Sin embargo, el verdadero problema ya no pasa exclusivamente por el nivel salarial, sino por el tipo de empleo que genera la economía. El investigador distinguió dos mercados laborales cada vez más alejados entre sí. Por un lado, técnicos y profesionales vinculados a la economía del conocimiento, los servicios especializados y otros sectores dinámicos logran mejorar sus ingresos y experimentar movilidad social ascendente. Por otro, una mayoría creciente queda atrapada en actividades de baja productividad, como servicios personales, mantenimiento, venta ambulante o producción domiciliaria, con ingresos inestables y escasa protección social.
«Mientras en el sector más dinámico de la economía vas observando un proceso de movilidad social ascendente, la pequeña y mediana empresa no crea empleo y los empleos que crea son más precarios«, afirmó.
La informalidad pesa más que las aplicaciones
Salvia también relativizó el peso que suelen tener las plataformas digitales dentro del debate sobre la precarización laboral. Si bien reconoció que ese sector creció en los últimos años, estimó que los trabajadores de aplicaciones representan apenas entre el 6% y el 7% de la fuerza laboral. En cambio, sostuvo que el verdadero problema se concentra en el universo de vendedores ambulantes, limpiavidrios y trabajadores ocasionales. «Esa Argentina sigue produciendo pobreza estructural», resumió.
A ello se suma el endeudamiento. Según el investigador, muchos repartidores y trabajadores de plataformas mantienen deudas cercanas a los $ 900.000 con las propias aplicaciones para financiar la compra o reparación de las motos y bicicletas con las que trabajan.

El desafío ya no es solo crear empleo
Para la UCA, el deterioro del mercado laboral no puede medirse únicamente por la tasa oficial de desempleo. «La desocupación no es del 6%. Si sumás los trabajos de changa de distinta naturaleza, el desempleo en Argentina se acerca al 28 o 30%», afirmó Salvia.
Su diagnóstico apunta a un problema estructural: apenas tres de cada diez trabajadores se desempeñan en sectores de alta productividad, mientras siete de cada diez permanecen en actividades de baja productividad, una brecha que limita el crecimiento del empleo formal y consolida la pobreza laboral.
En el Día de San Cayetano, el mercado laboral argentino muestra una clara realidad: la principal deuda sigue siendo la creación de empleo registrado y de calidad. Para una parte cada vez mayor de los argentinos, el trabajo ya no garantiza estabilidad ni movilidad social, sino apenas una estrategia de supervivencia cotidiana.
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