En aquella internación domiciliaria, ¿Diego Armando Maradona murió de manera súbita, natural? ¿O lo desatendieron y, en consecuencia, murió? Si lo desatendieron, ¿quiénes? Eso es lo que busca determinar este juicio, que está por terminar. Hay siete trabajadores de la salud acusados de homicidio simple con dolo eventual, que implica una pena de entre 8 y 25 años de cárcel. Está en juego su libertad, su matrícula y su reputación. Del otro lado, una fiscalía, cinco herederos y tres hermanas buscan una reparación, no económica, sino: la verdad.
Ese es el contexto. Y la de ayer fue la audiencia 46. Los imputados podían hablar a los jueces en una instancia que se llama «ampliación de la declaración indagatoria». Es una oportunidad para aclarar al tribunal dichos y pruebas planteadas en el debate.
Se sentaron al micrófono Nancy Forlini, jefa de cuidados domiciliarios de Ecco, una de las unidades de negocios de Swiss Medical, prepaga a la que Maradona estaba afiliado; Pedro Di Spagna, médico clínico; Leopoldo Luque, neurocirujano y amigo personal de Diego; y Agustina Cosachov, psiquiatra. Ante los jueces y en este orden, dijeron:
Forlini: «Hubo acuerdos en los que no tuve injerencia»
Nancy Forlini, coordinadora de cuidados domiciliarios de Swiss Medical, entró en escena el 11 de noviembre. Fue el primer día de Maradona en la casa de Tigre, ocho días después de la cirugía por el hematoma subdural.
Surgió en este juicio que Forlini -pediatra, treinta años de carrera- indicó medicación y bloqueó la comunicación entre los enfermeros y la psiquiatra Cosachov.
«Aquí se mostraron conversaciones que reflejan que se llegaron a acuerdos en los que no tuve injerencia, ni potestad de modificar», dijo a los jueces en referencia a la organización previa a la llegada de Tigre.
Durante la internación domiciliaria de Maradona, su tarea consistía en recibir órdenes médicas por escrito, conseguir autorización del auditor y proveer el servicio que los médicos tratantes solicitaran, desde un inodoro portátil hasta los enfermeros. Los «médicos tratantes» de Diego eran, según Forlini, el neurocirujano Leopoldo Luque y la psiquiatra Cosachov.
Forlini se ocupó, con especial énfasis, en el control del personal del enfermería. Es que el acta de externación de Clínica Olivos que firmaron -sin leer- Cosachov y Luque había quedado asentado que Swiss Medical proveería enfermeros 24 horas. Los acompañantes terapéuticos estaban incluídos pero corrieron por cuenta de Mario Schiter, quien fuera el médico que acompañó a Diego en la rehabilitación en Cuba. En el servicio estaba incluidos los insumos pero no aparatología.
Hubo una puja entre la psiquiatra y la coordinadora durante la internación domiciliaria. Cosachov quería estar al tanto del parte diario que registraba enfermería, pero vía audio de WhatsApp, Forlini había sido tajante: «Del paciente nos ocupamos nosotros». Y los enfermeros dejaron de contarle a la psiquiatra cómo estaba Diego, aunque algunos -con la condición de que Forlini no se enterara- hablaban con ella. La alternativa para Cosachov era llamar a Maximiliano Pormargo, asistente de Maradona, o Jony Espósito, el sobrino del ex futbolista.
«Había falencias en el servicio (que proveíamos) y había que reordenarlo. Los enfermeros no podían entrar en la habitación (de Maradona) a controlar los signos vitales o administrar la medicación», reconoció Forlini y explicó que por eso pidió una reunión vía zoom el 14 de noviembre, tres días después de iniciada la internación domiciliaria. Allí estuvieron la psiquiatra, Dalma y Jana Maradona, la misma Forlini y personal, digamos, jerárquico, de Swiss Medical.
«En ese zoom, la doctora Cosachov indicó que los signos vitales se tomaran una vez al día y pidió que no invadieran al paciente», aseguró Forlini. Los enfermeros recibieron la nueva orden y los controles se espaciaron.
Forlini también apuntó a Luque, que en este juicio se despegó de la internación domiciliaria y, por ende, de su rol de médico tratante. «Hay llamadas entrantes y salientes con Luque», aseguró, en el lapso que duró la atención en Tigre. Luque lo desmiente. Forlini lo juró «por su hijo», presente en la sala.
Di Spagna: «Yo no era el médico clínico»
A Pedro Di Spagna, médico clínico, lo acusan de haber sugerido estudios a los que no le dio seguimiento. Revisó a Maradona en la casa de Tigre el 12 de noviembre como interconsultor, inmediatamente después de que a Diego los chequearan 17 médicos durante a internación en Clínica Olivos, que duró ocho días. Di Spagna volvió a Tigre el 18, pero Diego no quiso recibirlo.
En la imputación quedó como el médico clínico asignado al tratamiento durante la internación en Tigre. «Pero yo no trabajaba para Swiss Medical, no figuro en la cartilla, no trabajé para Medidom (N. de la R.: tercerizada de la prepaga); no tenía acceso al paciente; ni el teléfono del paciente, ni de la familia, ni del entorno. Yo no era el médico, no tenía autonomía ni potestad«, aclaró a los jueces.
En una de las reuniones previas a la internación, cuando Luque avisó que «es neurocirujano y no médico clínico» y que por ende no se haría cargo de ese tratamiento, Gianinna propuso buscar a un clínico que pueda tener, algo así, como una mirada global del asunto. Di Spagna llegó al dispositivo a través de un colega, y no de Gianinna ni de Swiss Medical. Podría pensarse que la acusación necesitaba un médico clínico. Y ahí quedó Di Spagna, que fue el último en caer en la imputación, un año después de la muerte de Diego. «Tengo la conciencia tranquila», afirmó a los jueces.
Luque: «Mi última carta era llevármelo a casa»
Quedó claro en este juicio que Luque era «una llave» para llegar a Maradona. Y una buena cantidad de testigos refirió que Luque era su médico tratante. Según él, ese rol se terminó el 3 de noviembre de 2020, cuando Víctor Stinfale le prohibió operar a Diego del hematoma subdural. Justo a él, neurocirujano de profesión. Se supo en este juicio (y en el anterior) que Maradona entró en el quirófano convencido de que iba a ser su médico y amigo personal el que le abriría la cabeza.
Luque marca ese momento como el definitivo: en la internación domiciliaria, dijo, él solo atendería la evolución de la herida. Fue cuatro veces a Tigre. «Estaba porque lo amaba», aseguró al tribunal. Contó que para mayo de 2020, el año de la muerte, le dijo a Matías Morla, ex manager, que se lo quería llevar a su casa: «Era mi última carta, yo siempre lo encontraba solo y con empleados alrededor». Era el tiempo de Brandsen y de la única huella que había dejado Rocío Oliva, un primo llamado Charly de quien se dijo que «le robaba a Diego».
Frente al tribunal, Luque cuestionó los chats que se exhibieron durante el juicio: que «de más de 100 mil» en la causa se mostraron «diez o quince» en los que parece que «desprecia» a Diego. «Todo lo contrario -dijo-. Cuando se sentía mal me llamaba, cuando se sentía bien me echaba«. Entre esos chats, hay una buena cantidad en los que pregunta por la salud de Maradona durante la internación domiciliaria a los custodios, a Pomargo, al sobrino Jony. Decidido a irse, Luque nunca termina de retirarse.
Dijo que el acta de externación se la hicieron «firmar a las corridas» y que la firmó «como neurocirujano». Sobre la hinchazón que presentó el ex futbolista, fue a los libros: «No es signo de alarma». Dijo que Maradona «se hinchaba y deshinchaba»; y que cuando el masajista lo advirtió y él fue a chequearlo, al edema no lo vio. Para él, la muerte fue un evento agudo, repentino, impredecible.
Apuntó al médico clínico: «Di Spagna interviene como clínico en el chat Tigre (N. de la R: el grupo de WhatsApp en el que los enfermeros reportaban a Swiss Medical). A mí nadie me consultaba nada, yo no estaba haciendo el tratamiento ni controlaba a los enfermeros». Como la psiquiatra Cosachov, a Luque no lo había incluido en el grupo.
Cosachov: «Forlini estaba a cargo de la coordinación médica»
Lo que sigue fue el relato de la psiquiatra a los jueces. Empezó a tratar a Diego en junio de 2020, referida a Morla por Luque. Se enteró que Maradona estaba internado en la clínica de Olivos «por los medios». Para ese momento, ya estaba en marcha un plan de internación con tres objetivos: rehabilitarlo del consumo de alcohol, ordenar la medicación y atender los problemas para dormir de los que el ex futbolista se quejaba.
Recordó que Swiss Medical había propuesto una internación en un centro de rehabilitación motora y con asistencia psiquiátrica, pero Diego no iba a prestar consentimiento. La internación compulsiva no era una opción: de acuerdo a la ley de salud mental, Diego no daba con el cuadro. La tercera opción consistía en una internación en domicilio, «seria». Acá se empasta la cosa: «cuidados» domiciliarios es lo que prevé la prepaga; «internación domiciliaria» no existe en la Argentina, no está regulada.
«Nunca hablaron de cuidados domiciliarios sino de internación», aseguró Cosachov respecto del planteo que hizo la prepaga. Y siguió: «Forlini estaba a cargo de la coordinación médica. Si los enfermeros no nos reportaban a nosotros, si nosotros no estábamos en el chat de los enfermeros… Siempre limité los roles. No soy clínica, soy psiquiatra«. El único careo que hubo en este juicio fue entre ambas mujeres. Como Luque, Cosachov no tuvo contacto con Di Spagna durante la internación domiciliaria.
Así, cuatro de los siete imputados en este juicio aprovecharon la oportunidad de hablar al tribunal, aunque sin aceptar preguntas de las partes. El jueves 8 arrancan los alegatos. Los primeros en exponer serán los fiscales Cosme Iribarren y Patricio Ferrari. El juicio por la muerte de Maradona, en el final del final.
VDM










