En la Asamblea Legislativa del 1° de marzo, Javier Milei prometió un Congreso en movimiento permanente. «Vamos a mandar un paquete de 10 proyectos» durante nueve meses de forma ininterrumpida para tratar «reformas estructurales que van a rediseñar la arquitectura institucional de la Argentina». Dos meses después, la cifra prometida está muy lejos. El Senado no logró sesionar esta semana como el oficialismo pretendía y, según pudo saber La Pluma, la primera fecha posible para una sesión se corre al miércoles 13 o jueves 14 de mayo, siempre que antes se cierren los acuerdos en comisión. La brecha entre lo prometido y lo que obtiene el Ejecutivo empieza a hacerse notar.
La semana pasada, mientras el miércoles 29 de abril concentraba todas las miradas en Diputados con el informe de gestión de Manuel Adorni, el Senado tampoco logró avanzar. El oficialismo había explorado la posibilidad de usar esa misma semana para desdoblar la atención y mostrar una sesión en el recinto de la Cámara alta, pero los números no cerraron. El contexto tampoco ayudó: el escándalo patrimonial sobre Adorni, los cuestionamientos en el caso $LIBRA, los créditos del Banco Nación a funcionarios libertarios y los avances en la causa ANDIS conformaron un telón de fondo que erosionó la imagen del oficialismo justo cuando más necesitaba mostrar iniciativa legislativa.
«Apuntamos a tener una sesión el miércoles 13 de mayo o jueves 14 de mayo. Dependerá de cómo avancen algunos proyectos en comisión. No queremos ni tener una súper sesión con una decena de temas pero esperamos tener encaminados unos cuatro proyectos para pedir la sesión», dijo a La Pluma un senador de La Libertad Avanza.
Según pudo saber este medio, los proyectos que el oficialismo aspira a llevar al recinto en esa primera sesión son el de Falsas Denuncias (de Carolina Losada, UCR), los pliegos de los jueces —entre ellos el de Carlos «Coco» Mahiques, hijo del ministro de Justicia—, el de blanqueo de armas de fuego —que ya tiene dictamen con respaldo de LLA, PRO, UCR y bloques provinciales— y el de inviolabilidad de la propiedad privada. Aunque este último genera cuestionamientos no solo en la oposición sino también entre aliados, lo que podría estirar su debate. Si se complicara, tienen otro en carpeta: el de Salud Mental, que esperan cerrar en «dos o tres semanas más».

«Hoy creemos que tenemos el número en el recinto para aprobar todos ellos», aseguró el mismo legislador.
La reforma electoral: una señal política sin votos garantizados
Fuera de esa lista queda, por ahora, el proyecto que el propio Milei puso en el centro de su discurso ante la Asamblea: la reforma electoral. En LLA fueron claros al respecto: «La reforma electoral va a necesitar de una negociación extensa, pero va a salir, y creemos que con el formato que queremos, tipo paquete: a pesar de que lo más discutido será la eliminación de las PASO y el financiamiento de los partidos políticos, el tema de Ficha Limpia y Boleta Única de Papel tienen bastante consenso y empujarán a que termine saliendo. Veremos cuándo», confiaron a este medio.
La admisión no es menor. Y tiene un antecedente que la refuerza: según pudo reconstruir La Pluma, el Gobierno no realizó un sondeo formal con los bloques antes de enviar el proyecto al Congreso. La iniciativa llegó más como una señal política para fijar agenda —en medio de semanas dominadas por el caso Adorni y la economía— que como un acuerdo construido de antemano. El fueguino Agustín Coto será el miembro informante de LLA en la comisión y Patricia Bullrich tendrá la misión de negociar los votos. Pero el poroteo en el recinto todavía no está garantizado.

El PRO ya anticipó que no acompañará la eliminación directa de las primarias sin una propuesta alternativa. La UCR presentó su propia iniciativa para convertirlas en optativas. Y el capítulo de Ficha Limpia, que podría sumar consensos, pierde potencia si queda atado a la eliminación de las PASO. «No puede ser una moneda de cambio, hay que discutirla por separado», dijo el diputado Maximiliano Ferraro, de la Coalición Cívica, a este medio. Los gobernadores, que siguen esperando financiamiento para sus obras, tampoco están dispuestos a acompañar gratis. En el propio oficialismo ya reconocen que el resultado más probable llegará «después del Mundial«, una frase que en el resto del arco político —oposición y aliados por igual— califican de «muy difícil«, por no decir imposible.
Los proyectos sensibles que también esperan
Además de la reforma electoral, hay otros dos frentes que el oficialismo reconoce como «muy sensibles» y que también demandarán semanas de tratamiento. Uno es el proyecto de invalidez de pensiones por discapacidad, que el Gobierno activó junto con la reforma de la Ley de Salud Mental en un movimiento que buscó, en parte, correr la agenda del foco sobre Adorni. Ambas iniciativas generaron resistencia inmediata y el oficialismo descartó apurarlas. «No queremos apurarnos, preferimos dividir los temas en distintas sesiones», reconoció el senador consultado por este medio.
El proyecto de las pensiones por discapacidad propone auditorías periódicas, cruces masivos de datos con ANSES, ARCA y SINTyS, reempadronamiento obligatorio de todos los beneficiarios, posibilidad de suspensión preventiva ante incumplimientos objetivos y una definición más restrictiva de incompatibilidades con trabajo formal. También modifica puntos centrales de la ley de emergencia en discapacidad que el propio Milei había vetado y luego fue ratificada por el Congreso. Por esto es que ya hubo fuerte resistencia.
El proyecto de inviolabilidad de la propiedad privada también acumula dificultades propias. Cuando Sturzenegger fue al Senado a defenderlo hace tres semanas, el plenario derivó en cruces ásperos con el bloque peronista que dejaron en evidencia el camino que le queda por recorrer. A eso se suma el reclamo del PJ por la integración de las comisiones —un conflicto que el oficialismo arrastra desde el inicio del período— y que complica la construcción de los dictámenes necesarios para llegar al recinto.

Diputados y los gobernadores también meten presión
El cuadro se completa con dos variables que el oficialismo tiene cada vez más difícil de ignorar. En Diputados circuló con fuerza entre legisladores la idea de que sentarse a «bancar a Adorni» en su informe de gestión tendrá un costo político que se pagará en el Congreso: mayor resistencia para los proyectos del Gobierno, menos predisposición de los aliados a cerrar acuerdos rápidos. Los gobernadores, que siguen esperando financiamiento para sus obras, comenzaron a usar el momento de debilidad del Ejecutivo para negociar con más exigencias. Los bloques provinciales en el Senado, históricamente clave para cualquier mayoría, ya no se mueven con la misma velocidad de meses atrás.
La «hiperactividad» prometida en marzo choca, en mayo, con una aritmética parlamentaria que el propio oficialismo ya no puede disimular. El Senado tendrá sesión, eventualmente. Pero el calendario que imaginaba Milei se estiró, los proyectos más ambiciosos reconocen negociaciones largas y los escándalos de los últimos dos meses dejaron una huella en la capacidad del Gobierno para imponer su agenda en el Congreso.
JD/CM






