Leopoldo Luque y Nancy Forlini están acusados, como otros cuatro trabajadores de las salud, de omitir acciones que habrían derivado en la muerte de Diego Maradona. Pero a diferencia del resto, son los más comprometidos en este juicio, que llega a su final. La Fiscalía pidió para el neurocirujano 12 años de cárcel y 10 años para Forlini, jefa de cuidados domiciliarios de Swiss Medical. Son los pedidos de condena más altos entre los imputados. Ambas defensas cargaron contra la investigación de los fiscales Cosme Iribarren y Patricio Ferrari, es decir, la que llevó a sus asistidos a juicio.
«No tienen nada probado», arrancó Francisco Oneto, abogado de Luque junto a Roberto Rallín y Julio Rivas. Para la defensa del neurocirujano, la Fiscalía no logró con certeza poner en evidencia la acusación original: que Luque era garante de la salud de Diego, que actuó con indiferencia y que sus omisiones provocaron un riesgo para Maradona.
Insistieron en que desde el 3 de noviembre de 2020, cuando al ex futbolista lo operaron por un hematoma subdural, la incumbencia de Luque fue la neurocirugía. Lo despegaron así de la internación domiciliaria en la casa del Tigre donde murió Diego. Se basaron en chats: el 8 de noviembre, cuando el tramiterío de la internación domiciliaria estaba en marcha, Luque le dijo a la psiquiatra Agustina Cosachov: «Lo de la internación manejalo vos con Charly (N. de la R.: por Carlos Díaz, psicólogo)«. El 14 de noviembre le avisó a Maximiliano Pomargo, secretario de Maradona: «El viernes le saco los puntos y me bajo (N. de la R.: de la atención a Diego)«. Lo mismo le escribe a Vanesa Morla, esposa de Pomargo, la que le pagaba los honorarios. Sobre esto último, el pago, Oneto remarcó que la última factura emitida fue en octubre por el servicio dado en septiembre.
Pero Luque nunca terminó de irse: entre el 11 y el 25 de noviembre, lapso de la internación en la casa de Tigre, preguntó a los custodios, a la cocinera y a Pomargo cómo estaba Diego. Rallín, socio de Oneto en la defensa de Luque, lo usó a su favor: «Que fue indiferente, nada más alejado de la realidad». Vimos más chats en los que el neurocirujano pedía estudios varios antes de la cirugía de emergencia por la cirugía en la cabeza. ¿Era o no era «el médico de Maradona» durante la internación domiciliaria? Si no era, ¿por qué firmó el acta de externación post cirugía en la cabeza en la que dice que es parte del equipo «tratante»?

La defensa de Luque atacó el informe de la Junta Médica. «Lo único que hizo la junta médica fue sostener una acusación. No se reunieron para saber qué paso. El mismo que hizo la autopsia fue el que convocó a los amigos para conformar la Junta Médica. Los médicos de la Junta Médica son los mismos que no se dieron cuenta de que estaban analizando los estudios de otra persona; los de Don Diego, que estaba en diálisis. Ese es el nivel académico», apuntó Oneto. El informe firmado por 22 expertos fue uno de los tres pilares en los que se fundó la acusación de la Fiscalía.
En alguna de sus doce declaraciones durante este juicio, Luque aseguró la operación de autopsia ofreció información que Maradona no dio en vida. En este debate se planteó que Diego atravesaba un cuadro múltiple que afectaba el corazón, el riñón y el hígado. La defensa de Luque sostuvo que la muerte del ex futbolista fue natural, repentina. «La enfermedad renal no da síntomas, el médico no puede advertirla. La hepática es una patología pausintomática. Y no había signos de insuficiencia cardíaca»: una forma de desposicionarlo y, en simultáneo, de decir que si Luque era el médico tratante durante la internación domiciliaria, no podría «haber hecho» dado que era imposible «haber visto».
«La internación domiciliaria tenía dueña», dijo Rallín y mencionó a Nancy Forlini, la jefa de cuidados de Swiss Medical. Su exposición cerró como abrió: «A Luque se lo seleccionó para ser el chivo expiatorio en este caso». Pidieron la absolución del neurocirujano. Y en el caso de que los jueces no la consideren, la pena mínima del homicidio culposo: 1 año de cárcel.
Contando los cuarto intermedio, íbamos por las siete horas de audiencia cuando le tocó alegar a Nicolás D’Albora, abogado de Forlini. La jefa de cuidados domiciliarios de Swiss Medical es, para la Fiscalía, una de las cabezas del «doble comando» que estuvo a cargo de la internación domiciliaria. Para los investigadores, ella controlaba al personal de enfermería, indicó medicación y bloqueó la comunicación entre los enfermeros y, al menos, la psiquiatra Cosachov.

Según su defensa, no. «Acá no hubo ningún asesinato. Hubo una Junta Médica que analizó al paciente de atrás para adelante. La causa de muerte no está probada. Tampoco la responsabilidad de ninguno de los acusados en esta sala«, dijo D’ Albora. Y cargó contra la tesis de la Fiscalía: que Maradona murió producto de una desatención de parte de los acusados, quienes no advirtieron una buena cantidad de signos y síntomas que aparecieron, sobre todo, en la última semana de internación domiciliaria.
La defensa de Forlini también se ocupó de aclarar que «Forlini es una persona física, no jurídica; que no se merece la saña con la que la trataron», o sea: no es la empresa de salud privada sino, en palabras de su abogado, una «mera empleada». La tarea de la jefa de cuidados domiciliarios consistía en recibir los pedidos de los médicos tratantes por escrito y proveer los servicios y prestaciones previa autorización de su auditor.
D’Albora mostró con un cuadro comparativo que a su asistida tiene que defenderse de doce nuevos hechos introducidos por la Fiscalía durante el debate. En principio, le reprochan haber omitido verificar la casa de Tigre, ir a ver si era apta para una internación domiciliaria: «Nancy no verifica domicilios, nunca», afirmó su defensa.
Le imputan también haber indicado un analgésico y un laxante de venta libre a Maradona: «Forlini llamó a Luque dos veces y no la atendió. Entonces llamó a Dimitroff (N. de la R.: Pablo, director de la Clínica Olivos, donde habían externado a Diego), que le dijo que sí, que administren esa medicación; Nancy lo informa al enfermero y remarca que es ´hasta que vaya el (médico) clínico’. Y nunca más Forlini indicará medicación. Fue coyuntural«, puso en claro la defensa.
Sobre los pedidos de internación en domicilio que emitió la psiquiatra Cosachov antes del día de la externación de Clínica Olivos, el 11 de noviembre, D’ Albora aseguró que «nunca los recibió Forlini» y que por eso todo lo que ocurrió antes de ese día no le compete. En su defensa, la psiquiatra Cosachov dijo que insistió a la prepaga el 13 de noviembre reenviando el pedido original: pidió medico clínico, neurólogo, dos enfermeros por turno -varones y especializados en adicciones- y una ambulancia. «Nunca la mandaron», reveló su abogado.
Curioso: D’ Albora, el abogado de Forlini, fue mucho más categórico contra «el clan Morla» que Fernando Burlando, abogado que representa a Dalma y Gianinna. «Facineroso» llamó a Matías Morla, por ejemplo. «Morla necesitaba que la granada cayera lejos de él y centrar la responsabilidad en los médicos». A Pomargo, el secretario de Diego, lo describió como «nefasto». Y a su esposa, Vanesa -abogada y hermana de Morla- le cabió un «inefable».
Al cierre de esta nota, jueves pasada la medianoche, iban catorce horas de audiencia. La defensa de Forlini sigue alegando. Es posible que pidan para su defendida la absolución.
VDM









