«Furor por la Argentina para esta temporada de invierno. Los centros de ski van a estar colmados de familias brasileras». La frase que lanzó el secretario de Turismo y Ambiente, Daniel Scioli mientras le revoleaban nieve de telgopor en la cara es la confesión acabada del proyecto de país de Javier Milei. Pichichi, fiel a su estilo y con la torpeza impune del que ignora, viralizó la metáfora perfecta de la Argentina libertaria. La Argentina no es para los argentinos. Las familias argentinas, en su mayoría, no podrán disfrutar de la nieve de verdad este invierno. Aunque la nieve, las montañas, la infraestructura turística y todo lo demás sea argentino. Y si, con precios imposibles y salarios derrumbados, el turismo de invierno sólo será copado por brasileros y una minoría de locales de alto poder adquisitivo.
El crecimiento del 4.4% del PBI que ostentan Milei y su equipo económico, se sabe, está impulsado por la intermediación financiera, la minería y el agro. La reprimarización está entre nosotros y aquellos sectores generadores de empleo genuino y de calidad se derrumban sin freno desde hace más de dos años. El consumo a la baja, las tarifas por las nubes, el desempleo que crece, las empresas que cierran, la plata que no alcanza y la inflación en un «repugnante» 3.4%. Pero el presidente pide más paciencia, dice que no es inflación sino un salto de precios y asegura que sacó a trece millones de personas de la pobreza. Su país es de telgopor y te quiere hacer creer que es de verdad. Es, efectivamente, un país de cotillón.
Sincericidio presidencial
Luego, la confesión salida de libreto: «si no nos acompañan, no pasa nada, todos podemos volver a trabajar en el sector privado». El enojo puso a Milei en modo sincericidio. Llegaron al Poder sin vocación de servicio. Harán pingües negociosos, aplicarán sus dogmas, darán batallas culturales para avanzar hacia el pasado y taza a taza, cada uno a su casa. Claro que, si sale mal como dijo el presidente, lo que saldrá mal es que el experimento libertario no beneficiará nunca a esas mayorías que en toda su vida solo verán la nieve en forma de copos de telgopor. Crónica de un final anunciado y conocido por la historia.

Pero, además, el Jefe de Estado advirtió en ese mismo discurso que no cederá un ápice. Fue su modelo económico el que hizo subir la inflación en forma sostenida desde mayo del año pasado y el que la disparó en marzo con la nafta al fuego que significaron las subas de tarifas, entre otras cosas. Milei debería enojarse con su equipo o con él mismo, por no poder cumplir con su principal bandera electoral. Sin embargo, se enojó con vos. Te volvió a gritar y volvió a insultar a los que no piensan como él. Tal vez fue la impotencia de saber -en el fondo- que eso de que la inflación es en todo momento y en todo lugar un fenómeno monetario, choca de frente con la realidad. Sin emisión, con salarios a la baja, con el ajuste más grande la historia y el consumo congelado, la inflación sigue subiendo sin parar desde hace diez meses. Parece que se quemaron los manuales del experimento libertario. Pero como el pragmatismo sólo se aplica ante sus dioses, amos y señores, Milei volvió a prometer más motosierra y secar por completo la plaza de pesos, como única solución a la suba de precios. Es decir, más ajuste en un cinturón que al que no le quedan agujeros. Y aunque haya quedado en evidencia que la medida de la crueldad te pide sacrificios y, encima, no soluciona el problema.
Como te contó esta semana en La Pluma, Roberto Maidana: el problema central es el modelo. La economía crece, pero el empleo no acompaña. En los dos años de gestión de Javier Milei se perdieron 206.200 puestos de trabajo registrados en el sector privado. Los datos son de la propia Secretaría de Trabajo. El trabajo asalariado registrado cayó un 0,2% en enero de 2026 respecto del mes anterior y un 1,4% en la comparación interanual. Parece que esta información, que es oficial, no llegó al despacho presidencial.
Todo está entre alfileres. Y el que lo tiene claro, parece, es el propio Fondo Monetario Internacional, que esta semana proyectó una caída de la economía y más inflación para la Argentina.
La casta libertaria
Lo cierto es que el tan mentado déficit cero, ofrenda para el FMI y los mercados, Milei lo consigue a costa de los jubilados, las personas con discapacidad, el desguace del PAMI, el recorte de medicamentos, el descalce de la AUH de la inflación y la eliminación de programas de asistencia, como Volver al Trabajo, entre otras medidas de destrucción del Estado.
Mientras tanto, la casta -esa que habían prometido destruir- viaja en avión privado a Punta Del Este; se compra departamentos sospechosamente financiados en cómodas cuotas sin interés; consigue créditos millonarios de la banca pública; cobra jugosas coimas al tiempo que deja sin asistencia a personas con discapacidad y sus familias y se lleva fortunas incalculables con estafas con Criptomonedas. Porque la moral como política de Estado no se negocia. Pero cuidado, que la tormenta de nieve de telgopor no les obture la visión.
SC






