Su declaración había terminado, pero el presidente del tribunal, Alberto Gaig, no se aguantó: «¿Cómo se hace para estar así?». Damián Barreiro, psicólogo clínico especializado en consumo problemático de drogas, tiene 41 años, el cabello largo y pelusa donde debería haber un bigote espeso. Antes de dejar la sala, el psicólogo reveló el secreto: «No consuman sustancias», respondió al juez. Risas generales y final de una jornada breve -poco más de una hora- en la que no se habló de Diego Maradona.
Después de que Leopoldo Luque tapara el jueves el bache de las defensas, hoy, en la audiencia 40, el sociólogo Ignacio O’Donnell y el psicoanalista Barreiro, hablaron a los jueces. Son colegas y compañeros de trabajo de Carlos Díaz, el psicólogo que trató a Maradona y está imputado por su muerte.
Ni O’Donnell ni Barreiro se refirieron directamente a Maradona. Sí explicaron cuestiones que se discuten en este juicio, como el «síndrome confusional» al que se refirió un perito de la Junta Médica, incapacidad de un paciente en consumo, el rol de los acompañantes terapéuticos, modalidad, locación y duración de los tratamientos de rehabilitación.
Para el sociólogo O’Donnell, que también tiene una maestría en psicología y adicciones, «un adicto no es un incapaz». Lo afirma luego de haber consumido 16 años y llevar 32 rehabilitado y 30 al frente de un programa que implementó en villas para tratar a personas que consumen pasta base. Habló de la adicción como una enfermedad crónica de la que es posible recuperarse.
Mencionó que un tratamiento ambulatorio tiene una duración variable pero que, en promedio, dura un año y meses. Ese tipo de tratamiento se hace donde sea que esté el paciente: en su casa, en una comunidad terapéutica, internado en un neuropsiquiátrico o en una clínica.
En el caso de Maradona, las hijas y una hermana, Luque y la psiquiatra Agustina Cosachov firmaron una acta de externación en la que Swiss Medical desaconsejaba la internación domiciliaria que habían decidido y sugería el traslado a un centro de rehabilitación motora.
Sobre los acompañantes terapéuticos, O’Donnell explicó que sirven para acompañar algunas horas o en ciertas actividades al paciente, o si el paciente se siente «inestable». Señaló que la compañía no es necesaria si quien consume está contenido por su entorno cercano. En la casa de Tigre, a Maradona lo visitaron Jana y Gianinna, Verónica Ojeda y el hijo de ambos. La cocinera Monona, algún custodio, uno de los dos enfermeros, el sobrino Jonathan Espósito y el secretario Maximiliano Pomargo eran presencia permanente en la casa.
El fiscal Patricio Ferrari buscó desacreditar al testigo primero preguntándole si era psicólogo o psiquiatra; luego queriendo saber si había tenido contacto con Maradona o visto el expediente; o «por la prensa» o «por los medios». Una forma de poner en evidencia que O’Donnell a Diego no lo trató. Es tan cierto como los peritos que integraron la Junta Médica, que se expidieron sin haber tratado a la víctima. También es cierto que el sociólogo O’Donnell nunca se refirió al caso del juicio, sino en general.
Lo mismo hizo el psicólogo Barreiro, a su turno. Interrogado por el abogado de Díaz, respondió que si un paciente rechaza a los acompañantes terapéuticos «al paciente no se le puede imponer uno«. Dijo, también, que «los adictos son funcionales, pueden sostener áreas de su vida o trabajo en consumo».
¿Maradona debía ser internado en una comunidad, en un neuropsiquiátrico, en una clínica contra su voluntad? Según la Ley de Salud Mental, todavía vigente, alguien puede ser internado si representa un riesgo claro e inminente contra sí o contra terceros. Eso se define luego de una evaluación de parte de -al menos- dos profesionales, que dan aviso a la policía y al juzgado para que esa persona sea internada contra su voluntad. «Es un recurso excepcional», afirmó Barreiro.
El psicólogo Díaz está imputado, igual que el resto, por homicidio simple con dolor eventual, una pena que prevé entre 8 y 25 años de cárcel. Llegó a la vida de Maradona el 26 de octubre de 2020, un mes antes de su fallecimiento, para rehabilitarlo del consumo de alcohol en una internación domiciliaria.
Lo acusan de no haber propuesto una internación en un centro de rehabilitación acorde y de haber interferido en las indicaciones de la psiquiatra Agustina Cosachov, también imputada. Lo acusan, además, de haber aislado a Maradona de la familia. En los resultados de la autopsia practicada en el cuerpo de Maradona no hay rastros de drogas ilegales ni alcohol.
Hubo, en medio, un entredicho entre el abogado de Díaz, Diego Olmedo, y Dalma y Gianinna, presentes en sala y sentadas juntas. Olmedo se quejó del cuchicheo. Fernando Burlando excusó a sus representadas. Olmedo le dijo a alguna de las dos «no sos tan importante». Y Gianinna le respondió en una storie de Instagram. Este juicio termina pronto.
VDM










