La Cámara de Diputados ya oficializó la sesión informativa en la que Manuel Adorni deberá presentarse este miércoles 29 de abril desde las 10.30 para brindar su primer informe de gestión como jefe de Gabinete. En términos institucionales debería ser un trámite para cumplir con el artículo 101 de la Constitución, pero se convirtió, sin embargo, en una de las jornadas parlamentarias más tensas del año. La convocatoria fue formalizada este lunes por la Secretaría Parlamentaria del cuerpo y significa el arranque de la cuenta regresiva para el examen que enfrentará el ministro coordinador.
Adorni llegará al recinto en el momento más delicado de su gestión. Acorralado por denuncias judiciales sobre su patrimonio y cuestionamientos por el crecimiento de sus bienes desde que ingresó al Gobierno, el funcionario enfrentará un interrogatorio récord: más de 4.800 preguntas presentadas por los diputados, una cifra inédita para este tipo de sesiones.
Pero el dato que terminó de alterar el clima político fue la decisión de Javier Milei de asistir personalmente al Congreso para seguir la exposición desde los palcos. También estará Karina Milei y se espera la presencia de otros funcionarios del gabinete. Para buena parte de la oposición, el mensaje es claro: el Presidente decidió involucrarse de lleno en la defensa política de uno de sus funcionarios más cuestionados.

Milei blinda a Adorni en su debut parlamentario
La presencia del jefe de Estado en una sesión informativa de su jefe de Gabinete no tiene antecedentes recientes y fue interpretada en el Congreso como una señal de blindaje total.
“Es un verdadero disparate que el presidente Milei se abrace al salvavidas de plomo que es Adorni”, lanzó a Radio 10 el diputado de la Coalición Cívica Maximiliano Ferraro, uno de los denunciantes del funcionario, quien anticipó que el oficialismo “va a querer montar un show”.
En la misma línea, el socialista Esteban Paulón denunció en declaraciones con Futurock que el Gobierno busca montar una puesta en escena para alterar el desarrollo de la jornada y advirtió sobre versiones que hablan del posible ingreso de militantes libertarios al recinto. “Van a traer militantes para armar un show, que se pudra y que se caiga la sesión”, afirmó.

Por eso, algunos sectores opositores ya pidieron formalmente a Martín Menem que restrinja el ingreso de público a los palcos para evitar que la escena replique el clima de la apertura de sesiones ordinarias del 1° de marzo, cuando hubo cánticos e intervenciones desde las galerías. Semanas atrás, el titular de Diputados declaró que sería una sesión «picante» y que «compren pochoclos».
La estrategia opositora: evitar provocaciones y sostener el interrogatorio
En la previa de la sesión, distintos bloques opositores comenzaron a coordinar una estrategia común con una consigna central: no entrar en el terreno de confrontación que, sospechan, buscará imponer el oficialismo.
Según pudo saber La Pluma, legisladores del peronismo, la Coalición Cívica, el socialismo, la izquierda y sectores del radicalismo disidente ajustaron un esquema para ordenar preguntas, reducir la cantidad de oradores y sostener una sesión metódica que impida a Adorni victimizarse o retirarse anticipadamente.
El temor opositor no es abstracto. Recuerdan el antecedente de Guillermo Francos, que abandonó una sesión en el Senado tras un fuerte cruce con legisladores, y creen que el oficialismo podría intentar generar un clima similar antes de que llegue el turno de los bloques más duros.

“Si entran por la chicana para carpetear a la oposición, también van a tener problemas”, advirtió Paulón, que anticipó que incluso llevará carteles (como acostumbra hacer) y documentación al recinto.
Patrimonio, $LIBRA, ANDIS y economía: el temario que incomoda al Gobierno
Aunque el oficialismo buscará concentrar la exposición inicial de Adorni en la gestión y en los logros económicos del Gobierno, la oposición prepara una batería de preguntas centradas en los temas que más preocupan a la Casa Rosada.
Según publicó Página/12, en el entorno del jefe de Gabinete ya anticipan que Adorni evitará responder sobre su patrimonio bajo el argumento de que se trata de “un tema de la Justicia”.
Pese a eso, varios bloques planean insistir con preguntas sobre la evolución patrimonial del funcionario y de su esposa Bettina Angeletti, las inconsistencias detectadas en sus declaraciones juradas y la investigación por presunto enriquecimiento ilícito. A eso se sumarán cuestionamientos por el caso $LIBRA, las denuncias sobre presuntas irregularidades en la ANDIS y el deterioro de distintos indicadores económicos, como la inflación, la caída de la actividad y el aumento del endeudamiento familiar.

También habrá planteos vinculados con discapacidad, financiamiento universitario y pérdida del poder adquisitivo, en un intento opositor por combinar denuncias de corrupción con críticas a la marcha general de la gestión.
Una sesión de seis horas con final abierto
El esquema previsto contempla una exposición similar al informe de gestión de Francos, es decir, con una hora de introducción de Adorni, seguida por cuatro horas de preguntas divididas proporcionalmente entre bloques y tandas de respuesta de 20 minutos. El debate completo demandaría alrededor de seis horas.
La dinámica hará que Unión por la Patria —el bloque más numeroso y probablemente el más confrontativo— recién intervenga en el tramo final, después de los bloques menores y los intermedios. Esa secuencia alimenta las sospechas opositoras de que el oficialismo podría intentar desordenar la sesión antes de llegar al turno del peronismo.

En la Casa Rosada, mientras tanto, algunos funcionarios admiten en reserva que se preparan para “ir a la guerra” y responder a los cuestionamientos con señalamientos sobre dirigentes opositores, en lo que podría convertir la jornada en un intercambio de carpetazos de alto voltaje político.
Así, el miércoles ya no aparece como una simple rendición de cuentas parlamentaria. Será una prueba de resistencia para Adorni, una demostración de respaldo personal de Milei y una nueva batalla en la estrategia libertaria de convertir cada instancia institucional en un escenario de confrontación política.
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