El juicio por la muerte de Diego Armando Maradona se mete en la final. Hoy arrancan los alegatos de clausura, una instancia crucial dado que pueden cambiar las imputaciones originales o, por el contrario, ser ratificadas. Las defensas, por su parte, también usarán la prueba introducida en el debate para fijar posiciones a favor de los acusados. Abren la ronda los fiscales Patricio Ferrari y Cosme Iribarren, y el abogado de Diego Junior, Eduardo Ramírez. Los jueces, a quienes habrá que convencer, impusieron reglas.
A lo largo de 45 audiencias, se intentó establecer las responsabilidades sanitarias entorno al fallecimiento de Maradona. No sólo se escrutaron los catorce días de internación domiciliaria en la casa del Tigre, también el historial médico de Diego desde 2000. Hay siete imputados, todos trabajadores de la salud. Se los acusa de homicidio simple con dolo eventual. El delito prevé una pena de entre 8 y 25 años de prisión e inhabilitación profesional. Estarán presentes en la sala, que agotó su capacidad entre público y prensa acreditada.
«Sin objeciones, sin interrupciones; sin ofensas ni descalificaciones», anticipó el presidente del Tribunal Oral en la Criminal N°7 de San Isidro, Alberto Gaig, en la última jornada y en referencia a los alegatos. Él y los jueces Alberto Ortolani y Pablo Rolón serán, ahora, oyentes plenos. Pidieron, además, que las partes se concentren en la prueba discutida, que acoten la reproducción de audios y respeten los tiempos pautados: cuatro horas para la Fiscalía y dos para el abogado del mayor de los Maradona.

Los alegatos siguen la semana próxima -martes, miércoles y jueves- con el resto de las querellas (Dalma, Gianinna, Jana y Dieguito Fernando; y las hermanas de Diego, Rita, Ana y Claudio). El 20, 21 y 22 de octubre, van las defensas. Lo interesante de este debate es que es «por omisión»: no es lo que hicieron, sino lo que dejaron de hacer. Lo dejó en claro Ferrari, fiscal, en los lineamientos de apertura: «No hicieron nada para evitar que Maradona muriera».
Las querellas, en la misa jornada de arranque -allá por abril- fueron en el mismo sentido: «La muerte no fue instantánea, fue el resultado de días de inacción», dijo Félix Linfante, uno de los abogados que representa a Jana.
Las defensas de los acusados sostienen que sus clientes cumplieron con las tareas asignadas y que, dado su rol, no tenían más para hacer que lo que hicieron. Durante el juicio quedó probado que el dispositivo de internación domiciliaria en el que murió Maradona no estaba organizado.
14 días de internación domiciliaria
Maradona fue operado por un hematoma subdural el 3 de noviembre de 2020 en la Clínica Olivos, que pertenece a Swiss Medical, prepaga a la que estaba afiliado. Ocho días después, el 11, fue externado. La recomendación médica fue trasladarlo a un centro de rehabilitación motora en la que también recibiría asistencia psicológica. Pero como eso requería la aceptación del paciente, la internación no sería posible. Diego quería «volver a casa».
En un reunión en la que participaron Leopoldo Luque, Agustina Cosachov y Carlos Díaz, tres imputados, las hijas de Diego, sus hermanas, médicos de Clínica Olivos, personal jerárquico de Swiss Medical y parte del «entorno» de Maradona, resolvieron una internación domiciliaria. Sería en una casa de Tigre. Objetivo: rehabilitarlo del consumo de alcohol, ordenar la medicación psiquiátrica y resolver los problemas de sueño. Diego fue encontrado sin vida en la mañana del 25 de noviembre. Tenía 60 años.
De qué murió: un edema de pulmón generó una falla cardíaca. No queda claro cómo murió. Para los acusadores, hubo una serie de signos y síntomas que fueron desatendidos. Para los acusados, fue una desenlace súbito, natural.
De qué acusan a cada imputado
Leopoldo Luque: neurocirujano especializado en columna. Tiene, hoy, 44 años. Varios testigos se refierieron a él como “el médico de cabecera” de Maradona. Respecto de la internación domiciliaria, Luque insiste en que él avisó que su especialización era neurocirujano, no médico clínico; y que por ese motivo no se haría cargo del dispositivo de atención en la casa de Tigre.

De acuerdo a los fiscales, Luque evitó asistir y brindar atención propicia al paciente, no siguió los controles ni convocó a especialistas e ignoró y menospreció los síntomas y signos compatibles con insuficiencia cardíaca. Pesa sobre él otro hecho: haber falsificado la firma de Maradona en un pedido de historia clínica luego de la internación en Olivos.
Luque sostiene que la muerte de Maradona fue súbita.
Agustina Cosachov: 41 años, psiquiatra. Conoció a Maradona en junio de 2020 porque Luque le pidió una consulta. Maradona la llamaba Droopy, por el dibujito animado. También señalada por los testigos como parte del equipo de cabecera. La acusan de no haber administrado de manera correcta ni la medicación ni los psicotrópicos a Maradona, desentendiéndose de los efectos adversos.
A sabiendas de que Maradona no permitía que los enfermeros se acercaran al paciente, los investigadores indican que manipuló a la familia diciéndoles que lo que sucedía era producto de “la libre y espontánea decisión del paciente”.

En su defensa, Cosachov declaró que la medicación había sido consensuada con anterioridad al traslado a la casa de Tigre con profesionales de una clínica de Brandsen y la Clínica Olivos.
En su última declaración responsabilizó a la empresa de medicina privada Swiss Medical -de la que Maradona era afiliado- de haber “incumplido con los requisitos de la internación domiciliaria”.
Carlos Díaz: licenciado en psicología especializado en adicciones, 33 años, psicoanalista especializado en adicciones. Entra en el equipo el 26 de octubre, un mes antes de la muerte de Maradona para encargarse de la rehabilitación en consumo de alcohol. Los fiscales lo acusan de haber omitido disponer una internación en un centro de rehabilitación acorde y de haber interferido en las indicaciones de la psiquiatra Cosachov. Lo acusan, además, de haber aislado a Maradona de la familia. En los resultados de la autopsia practicada en el cuerpo de Maradona no hay rastros de drogas ilegales ni alcohol.
Los enfermeros

Mariano Perroni: 44 años, empleado de la empresa Medidom. Era el coordinador de los enfermeros Ricardo Almirón y Dahiana Madrid (imputada en la causa, pero que será juzgada aparte, en un juicio por jurados). Controlaba el ingreso y egreso del personal a la casa del Tigre. Lo acusan de haber completado las planillas con información que no condecía con el real estado y atención médica que Maradona recibía.
Ricardo Almirón: enfermero, 43 años, coordinado por Perroni. Había terminado su turno a las 8 de la mañana del día de la muerte, el 25 de noviembre de 2020. Se supo que observó a Maradona de lejos dado que el paciente no quería que ingresara a la habitación. Lo acusan de no haber revisado a Maradona, que los chequeos fueron deficientes, y que omitió signos y síntomas de la insuficiencia cardíaca.
La administrativa de Swiss Medical

Nancy Forlini: 57 años. Era al momento de la muerte de Maradona, la jefa médica a cargo de la gerencia de cuidados domiciliarios de ECCO, en Swiss Medical. Se encargaba de proveer lo que se requería para la estadía de Maradona en la casa de Tigre. El primer pedido lo hace la psiquiatra Cosachov: enfermería 24hs, dos enfermeros por turno, preferentemente varones; médico diario y seguimiento neurológico cada 15 días. Cosachov alega que ella pidió, tal como exige la Ley, una “internación domiciliaria”, algo así como “una clínica en una casa”. Forlini, en su descargo, es clara: “Nunca recibí un pedido de internación domiciliaria”. Swiss Medical proveyó un enfermero por turno (no todos varones), medicación y acompañantes terapeúticos -que nunca llegaron-.
El médico clínico
Pedro Di Spagna: 53 años, está acusado de no haber controlado regularmente el estado de salud de Maradona. De acuerdo a la investigación, Di Spagna fue dos veces en 14 días a la casa de Tigre. La primera vez, el 12 de noviembre, chequeó personalmente al paciente e indicó una serie de estudios –laboratorio, placa de tórax, electrocardiograma, eco doppler–. La segunda (y última vez) fue el 18 de noviembre. Maradona no quiso que lo revisara. Los acusadores entienden que Di Spagna nunca se aseguró que los estudios que indicó se hayan realizado y, en consecuencia, no controló el caso. El médico nunca cobró los honorarios, 4.000 pesos.
VDM








