La paliza electoral sufrida por los republicanos en las elecciones de medio término terminó en una serie de acusaciones cruzadas en el corazón del Gobierno de Donald Trump. El vicepresidente JD Vance, el secretario de Estado, Marco Rubio, y el propio mandatario fueron foco del debate tras la contundente derrota.
El primero en marcar distancia fue Vance. “La razón por la que perdimos es la guerra. El propio presidente lo dijo anoche”, escribió en X, donde anticipó “muchas peleas internas y discusiones sobre qué pasó y por qué” y planteó que cualquier conversación honesta sobre cómo seguir “tiene que empezar por ahí”.

Los demócratas ya suman 54 senadores contra 44 republicanos, tras arrebatar bancas en bastiones como Texas, Kansas, Ohio, Iowa, Maine y las dos Carolinas, y al menos 240 diputados contra 147, con casi 50 distritos sin definir. La elección renovó toda la Cámara de Representantes y 35 de las 100 bancas del Senado.
El vicepresidente descartó un problema de participación: afirmó que muchos que votaron por la fórmula Trump-Vance en 2024 eligieron demócratas en 2026. Según un encuestador que consultó, los motivos fueron la guerra, el costo de vida, el abandono del “America First” y la relación con Israel.

Además, desafió a quienes defienden la ofensiva a sostener en público que perder el Senado valió la pena. El planteo llamó la atención porque Vance había respaldado la operación durante la campaña, aunque con un perfil bajo en los últimos meses. Donald Trump Jr., hijo mayor del presidente, apoyó el posteo.
Trump reconoció el golpe, pero corrió el eje hacia el bolsillo. “No creo que sea la guerra, creo que es el precio de la nafta”, afirmó ante Fox News. En su lectura, la gente apoya lo que hace en Irán, pero no estaba dispuesta a pagar más caro el combustible.
La nafta subió cerca de 36% interanual en promedio, y 52% en Michigan, desde que Estados Unidos e Israel empezaron a bombardear Irán, en febrero. Teherán respondió con ataques y minas en el Estrecho de Ormuz, por donde pasaba entre el 20% y el 25% del petróleo marítimo mundial.

Ante The Wall Street Journal, Trump aceptó que Irán “fue una parte” de la derrota, aunque defendió la decisión: “Hice lo correcto”. Ya en la Casa Blanca, calificó el posteo de Vance como “en gran medida cierto”, pero insistió: “No se puede dejar que Irán tenga un arma nuclear”.
Con todo, no asumió la derrota como propia. “No estaba en la boleta y, si lo hubiera estado, ¡habríamos ganado de forma aplastante!”, publicó en Truth Social. Felicitó a los demócratas y prometió negociar con ellos, pero subió la imagen de una gorra con la palabra “VETO” y advirtió que puede frenar sus leyes.

Rubio, entre el golpe y la sucesión
Florida, el estado de Rubio, quedó en manos republicanas, aunque con márgenes mucho más estrechos de los previstos. Byron Donalds ganó la gobernación con apenas el 50,02% contra el 48,71% del demócrata David Jolly, y Ashley Moody retuvo la banca en el Senado que el secretario de Estado había dejado para sumarse al gabinete.
El golpe más fuerte llegó desde Miami-Dade, territorio político de Rubio, que giró 18 puntos hacia los demócratas respecto de 2024. María Elvira Salazar aventajaba a su rival 50,3% a 49,7%, tras ganar por 20 puntos hace dos años. A nivel nacional, los latinos votaron 60% a 35% por los demócratas, según la boca de urna de NBC.

Aun así, la pulseada por la sucesión podría favorecerlo. En la previa, una encuesta de The New York Times y Siena daba 33% a Vance y 23% a Rubio en una eventual interna. Tras la votación, el exdiputado Trey Gowdy afirmó en Fox News: “Hay un solo ganador esta noche del lado republicano, y es Marco Rubio”.
El desconocimiento que no fue
Trump había condicionado su aceptación a que fueran “elecciones honestas”, pero la cruzada contra el fraude no prosperó: la Corte Suprema le negó separar 20.000 votos en California y un juez rechazó su intento de bloquear el resultado de Alaska. Finalmente, dijo a The New York Times: “Estoy absolutamente dispuesto a aceptar esos resultados”.

El contraste con Brasil es directo. Flávio Bolsonaro, cuya ventaja en primera vuelta Trump había celebrado como una “gran victoria”, perdió el balotaje del 25 de octubre con el 48,21% contra el 51,79% de Lula y afirmó que era “imposible reconocer el resultado”. Pidió anular la elección y quedó aislado: hasta su partido, el PL, aceptó la derrota.
Mientras tanto, siguen sin definirse las bancas de Alaska y Mississippi, ambas con recuentos ajustados. No alteran el control del Senado, pero sí el tamaño de la mayoría.
JL/CM










